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¿Hablando con los muertos?

IMAGE: Amy Gillard - Pixabay (CC0)

Una patente obtenida por Microsoft relacionada con el desarrollo de chatbots, y concretamente con la creación de un chatbot conversacional de una persona específica a partir de imágenes suyas, grabaciones, participación en redes sociales, correos electrónicos, cartas, etc., unida a la posible generación de un modelo bidimensional o tridimensional de la persona, ha sido rápidamente interpretada como un intento de crear «una forma de hablar con los muertos», y reportada como tal en varios sitios.

Para Microsoft, la referencia a una persona específica es sensiblemente más amplia, y puede corresponder, según se describe en la patente, a «una entidad pasada o presente (o una versión de la misma), como un amigo, un familiar, un conocido, una celebridad, un personaje de ficción, una figura histórica, una entidad aleatoria, etc.»

Hablamos de un tema recurrente en tecnología: en 2016, una tecnóloga rusa, Eugenia Kuyda, co-fundadora de la startup de inteligencia artificial Luka, especializada en el desarrollo de chatbots, intentó «reconstruir» a su amigo, en emprendedor Roman Mazurenko, fallecido en un atropello, a partir del enorme historial de conversaciones de mensajería instantánea que tenía con él. Antes, un conocido episodio de Black Mirror, «Be right back«, especulaba con la posibilidad de crear un robot completo al que se incorporaban todos los datos que la persona a la que pretendía sustituir había generado y almacenado a lo largo de su vida.

La idea de un «fantasma digital» de un ser querido nos sitúa ante la posibilidad de poder evocar algo a lo que ya no podemos acceder de manera natural, y confronta, por un lado, nuestra conciencia de la pérdida, con el evidente interés que tenemos por su negación. Un chatbot de este tipo, capaz de recrear modismos, estilos de escritura, términos específicos o incluso gestos, puede, como en el experimento llevado a cabo por Kuyda, tener interés de cara a la progresiva aceptación de una pérdida que, en muchas ocasiones, no nos proporcionó aviso alguno, y puede plantearse como una ayuda al proceso de luto, a la necesidad de un cierre gradual del vacío creado, gracias a un avatar digital. La idea es poder apalancar la evidencia que tenemos de una existencia digital que corre paralela a la biológica y que recoge en muchos casos una parte de nuestra relación con esa persona, y tratar de utilizarla para mantener una ilusión de continuidad.

Pero la idea de Microsoft es mucho más amplia, no tiene demasiado que ver con una ouija digital, y busca más bien conceptualizar aquello que nos hace reconocibles, los rasgos que pueden ser captados mediante algoritmia y que, tomados en conjunto, nos convierten en característicos, para aplicarlos a cualquier tipo de chatbot que puede ser entrenado, incluso, por la propia persona a la que se supone debe representar. Como idea, difícilmente patentable, me temo. Como implementación, ya lo veremos. Pero definitivamente, algo con lo que llegaremos a interaccionar: avatares digitales de una persona – viva o muerta – entrenados con las interacciones de esa misma persona. A partir de ahí, que cada uno se imagine lo que quiera.


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