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Apple, Epic y el aporte de valor

IMAGE: Apple and Epic Games logos

Desde iProfesional me llamaron para hablar sobre el caso Epic Games vs. Apple y sobre la creciente presión legal y regulatoria que las big tech están encontrando en todo el mundo, y hoy me citan en un artículo titulado «Silicon Valley en la picota: los gobiernos apuntan contra las grandes plataformas tecnológicas» (pdf).

Tardaremos probablemente algunos meses en conocer el veredicto del caso Epic Games vs. Apple, cuyas alegaciones terminaron el pasado lunes, y aunque todo parece apuntar a que Apple ganará el caso, podría tener muchas implicaciones sobre el futuro de la gestión de la App Store, la mayoría de ellas probablemente positivas para los desarrolladores, lo que lleva a algunos analistas a afirmar que Apple podría ganar la batalla, pero perder la guerra.

El caso, que tiene también su derivada europea y que ha logrado alinear a algunas otras compañías que también se consideran perjudicadas por las políticas de la App Store, tiene todo lo que puede tener para resultar interesante: hablamos de Apple, que ya de por sí suele generar opiniones polarizadas, y de la manera en la que gestiona su tienda de aplicaciones, que Epic Games considera abusiva. La respuesta de Apple, que también demandó a Epic por incumplimiento de contrato, es que el ecosistema que ha creado ha generado un enorme valor para muchísimos desarrolladores en todo el mundo, y que ese ecosistema funciona porque mantiene unas reglas muy claras que Apple supervisa de manera constante y controla con puño de hierro, algo para lo cual necesita dedicar recursos significativos.

Para muchos, hablamos de un caso muy claro: mientras, en general, las compañías pequeñas tienden a considerarse afortunadas de contar con la App Store para hacer llegar sus aplicaciones a los usuarios, algunas de esas compañías, cuando obtienen un gran éxito y crecen, tienden a volverse sensiblemente más críticas, en particular en lo referente a las comisiones que Apple exige. Otras compañías, como la muy exitosa Roblox, que estima esas comisiones a Apple, a Google y a los fabricantes de consolas en un 24.9% de su facturación, aceptan esas comisiones como el coste de hacer negocio en esas plataformas.

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Fueron precisamente esas cantidades las que motivaron a Epic a desarrollar su opción de pago independiente al margen de Apple, algo expresamente prohibido por las políticas de Apple, y que fue lo que provocó su expulsión. Obviamente, la compañía era perfectamente consciente que estaba violando esas normas y de que sería expulsada, como lo prueba el hecho de que tuviese perfectamente preparada la denuncia para presentarla al día siguiente y hasta un vídeo parodia sobre el tema, lo que lleva a muchos a interpretar el caso como un «alcanzo la fama gracias a las plataformas de aplicaciones, pero cuando ya soy grande y conocida, rompo sus reglas a propósito para forzar la situación y así tratar de obtener más ingresos». Si conocías la estructura de comisiones, que estaba clara desde un principio, ¿por qué decidiste jugar con esas reglas? ¿Tiene sentido, varios años después y cuando ya has triunfado, escandalizarte, llevar el caso a los tribunales y ponerte a gritar eso de «en esta casa se juega»?

¿Actúa Apple como un monopolio? Resulta difícil argumentar que alguien ejerce un monopolio cuando su posición de mercado está en casi todo el mundo muy por debajo del porcentaje que sería necesario para ser considerada como dominante. Salvo en dos o tres países en los que podría acercarse al 50%, la cuota de mercado de Apple en este segmento es muy significativamente inferior a la de otras marcas, lo que permitiría argumentar que un desarrollador que no se encuentre a gusto con sus políticas podría perfectamente mantener su negocio al margen de la compañía, simplemente ofreciendo sus aplicaciones en Android, en consolas o a través de la web. Indudablemente, Apple es una compañía basada en un control férreo de la experiencia de usuario, lo que lleva a que sus dispositivos tengan limitaciones que no gustan a todos, pero eso no implica nada más que un «si no te gusta, tienes otras opciones», no un supuesto derecho a entrar, romper las normas y demandar a la compañía por tenerlas.

La gran pregunta es, en realidad, dónde se aporta el valor. Para muchos usuarios, el valor que encuentran en una plataforma gestionada por Apple está precisamente en ese control, que les proporciona cuestiones que van desde una mayor seguridad a una mayor privacidad, frente a otros ecosistemas con reglas menos exigentes. Para muchos desarrolladores, el valor está en unas normas que favorecen la monetización de sus aplicaciones. Lo que resulta imposible negar es que la App Store ha generado un enorme valor desde su creación, que ese valor se ha distribuido entre millones de desarrolladores, y que lo ha hecho bajo esas normas que ahora, algunos privilegiados con posiciones de elevada visibilidad logradas en parte gracias a Apple tratan de cuestionar. En el fondo, una simple cuestión de dinero: el que estás dispuesto a pagar cuando eres pequeño para acceder al paraíso, pero el que tratas de no seguir pagando cuando te sientes ya en él.

Por otro lado, el caso se encuadra en un momento en el que la presión sobre las big tech se ha incrementado ya no solo en Europa, que siempre se identificó con una mayor regulación, sino también en los Estados Unidos y hasta en China o en Rusia, lo que podría posiblemente contribuir a un estado de opinión que influenciase también el resultado final. De una u otra manera, aún tardaremos en tener un veredicto… y seguramente, más aún en ver todas sus consecuencias.


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