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Apps, deporte conectado y hábitos de uso

IMAGE: Under Armour, MyFitness Pal and Endomondo logos

En el año 2013, en pleno furor de las apps para que los usuarios hicieran seguimiento de sus actividades deportivas, una marca de equipamiento y ropa deportiva, la norteamericana Under Armour, comenzó una oleada de adquisiciones para convertirse en un auténtico gigante en este sentido: entre noviembre de 2013 y febrero de 2015, adquirió tres compañías diferentes: MapMyFitness, Endomondo y MyFitnessPal, respectivamente por $150 millones, $85 millones y $475 millones.

Una inversión muy importante destinada, en principio, a incrementar la información que la compañía tenía sobre los usuarios de sus productos, a mejorar la visibilidad de su marca en ese espacio, a mejorar la fidelidad de sus clientes y, como no, a la adquisición de cuota de mercado. Ahora, unos años después, Under Armour está comprobando que este tipo de mercados suelen tener un solo ganador, y que en esta categoría, el mercado cuantitativamente más importante, el de personas que hacen deporte simplemente para mantenerse en forma, parece estar siendo monopolizado cada vez más por una marca que está siendo brutalmente exitosa simplemente poniendo su dispositivo en la muñeca de sus usuarios: Apple con su Apple Watch.

Visto el resultado, Under Armour ha decidido deshacerse de Endomondo, que será cerrada, y de MyFitnessPal, vendida por $345 millones, $130 millones menos de lo que le costó originalmente, a una compañía de inversión llamada Francisco Partners. La explicación es una supuesta simplificación de su marca y un enfoque y concentración en usuarios que hacen deporte de una forma más avanzada y dedicada o incluso profesional, los que llama «focused performers», frente a los más casuales y menos constantes. MyFitnessPal será vendida a pesar de que contaba con ochenta millones de usuarios en el momento de su adquisición en 2015 y había crecido hasta más de doscientos. La compañía seguirá operando su primera adquisición en este ámbito en 2013, MapMyFitness, que además sirve como tracking para su línea de zapatillas deportivas conectadas y permite mantener un repositorio de rutas, acceder a recorridos de otros usuarios, etc.

Este tipo de apps de tracking deportivo, cuyo uso llegó incluso a ser prohibido a personal militar para evitar que pudiesen proporcionar información al enemigo sobre su localización, han convertido la simple práctica del deporte en una actividad mucho más precisa, en la que se registra desde el recorrido, la inclinación, las calorías consumidas, el ritmo cardíaco, etc. Pero la idea de ofrecer aplicaciones de entrenamiento a deportistas más casuales, simplemente interesados en mantenerse en forma, ha sido capitalizada sobre todo por compañías que, como Apple, vinculan ese tipo de apps a dispositivos adquiridos por el usuario, como el enormemente exitoso Apple Watch que vende ya más relojes él solo que toda la industria suiza en su conjunto, o a máquinas de entrenamiento como Peloton, que generan hábitos consistentes mediante el pago de una suscripción mensual. Visto el resultado, lo más lógico parece ser plegar velas, simplificar, y poner a salvo el dinero que se pueda deshaciéndose de lo que aún sea posible vender.

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