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Las apps y el mantenimiento

IMAGE: Mohamed Hassan - Pixabay

Un tema que me ha resultado interesante: hace una semana, Apple comenzó a enviar correos electrónicos a desarrolladores que tenían apps en su App Store, informándoles de que esas apps no habían recibido ningún tipo de actualización en un tiempo significativo, y que si seguían sin recibirlas en los próximos treinta días, pasarían a ser retiradas.

En notas posteriores, y ante el rechazo generado en muchos desarrolladores que afirmaban que sus apps funcionaban perfectamente, que simplemente no necesitaban ningún tipo de actualización, y que había juegos de consolas de la década del 2000 que seguían estando perfectamente disponibles para su venta, la compañía clarificó que se refería a apps «obsoletas», definidas como que no se hubiesen actualizado en los últimos tres años, que no hubiesen sido descargadas o lo hubiesen sido muy pocas veces en un año, y que no recibiesen actualización alguna en los próximos noventa días (en lugar de los treinta originales).

La pregunta es clara: ¿es necesario que una app se actualice constantemente para ser buena y evitar su retirada? El mantenimiento del software es una cuestión sobre la que he escrito incluso publicaciones académicas, y me resultan muy interesantes los cambios que llevamos tiempo viviendo: el ritmo de actualización de muchas de las apps que uso me parece completamente demencial y me lleva, en no pocos casos, a pasar más tiempo actualizando determinadas apps que utilizándolas. En el desarrollo de software, el mantenimiento es una parte fundamental, y dado el ritmo de evolución del hardware, de los sistemas operativos o de las tendencias de diseño, puede tener cierto sentido, pero ¿realmente hasta el punto de retirar apps que no son actualizadas regularmente?

El cambio de las características de los dispositivos es uno de los factores que afecta al mantenimiento: si Apple cambia su factor forma y pasa, por ejemplo, de tener un botón inferior a prescindir de él, e incorpora además un notch en la parte superior, los desarrolladores deben responder a esos cambios si no quieren que la interfaz de sus apps quede desactualizada, que «no llene» el espacio que tiene disponible o que el notch tape partes importantes de la interfaz. Sin embargo, estos cambios no tienen lugar tan a menudo, e incluso podríamos argumentar que en muchos casos, no afectan significativamente al funcionamiento, sino tan solo a la estética. En otras ocasiones, por ejemplo se incorporan tendencias como un modo oscuro o nocturno, que los desarrolladores pueden decidir incorporar o no, o se responde a problemas detectados en el funcionamiento.

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En ese sentido, Apple pide a los desarrolladores que comenten sus actualizaciones e informen a los usuarios de qué es lo que aportan específicamente, pero es una petición a la que muchos desarrolladores no responden y se limitan al clásico «corrección de errores y mejoras en el rendimiento».

¿Realmente es el mantenimiento, medido en el número de actualizaciones de una app, un indicador de algo? Obviamente lo puede ser cuando la app está en una fase de incorporación de funcionalidades, pero ¿y cuándo hablamos de un app consolidada, con sus funcionalidades ya establecidas? ¿Incide de alguna manera el número de actualizaciones en la satisfacción del usuario? ¿En la funcionalidad de la app? Entendiendo la necesidad de, en algunos casos, hacer limpieza de apps claramente obsoletas, y teniendo en cuenta que, aunque lo sean, las apps no desaparecen, por el hecho de dejar de estar en la App Store, de los terminales que ya las tenían instaladas… ¿debe Apple fijarse en el número de actualizaciones que han llevado a cabo a lo largo del tiempo, o sería simplemente suficiente considerar la popularidad o el ritmo de descargas? ¿Hasta qué punto es el mantenimiento un indicador de algo en el entorno actual?

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