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Apple y la expansión de los ecosistemas de producto

IMAGE: Apple Watch, iPhone and Airtag

El reciente lanzamiento de los Airtags y de la versión 14.5 de iOS con función de desbloqueo del iPhone mediante el Apple Watch cuando llevas mascarilla ponen de manifiesto una vez más la vocación de Apple por plantear ecosistemas de producto en los que la interconexión entre distintos elementos de la gama se convierten en una prestación diferencial.

La sensación de utilizar no un producto, sino un ecosistema formado por varios dispositivos que «se hablan» entre sí no es en absoluto nueva. La tengo todas las mañanas cuando abro el ordenador y este se desbloquea sin pedirme nada mientras siento la vibración del reloj en la muñeca, y el mismo principio se usa ahora para desbloquear el teléfono cuando llevo la mascarilla puesta.

Pero sin duda, la aplicación máxima de ese principio la ha desarrollado Apple para los Airtags, que apalancan la red de mil millones de iPhones distribuidos por el mundo (e incluso dispositivos Android) como forma de geolocalizar un posible dispositivo perdido, haciendo que su propuesta de valor sea muy superior a la que tenía el que hasta entonces era líder en ese segmento desde su lanzamiento en 2012, Tile, que depende de la red de otros dispositivos similares distribuidos por el mundo (ha vendido unos 35 millones de ellos, más los dispositivos que licencian e incorporan su tecnología). De hecho, Tile se ha unido a Sonos, PopSockets y Basecamp para denunciar ante el Congreso hasta qué punto las compañías tecnológicas amenazan la innovación al aprovechar elementos de su ecosistema o de su modelo de plataforma que les permiten desarrollar su propuesta de valor de manera única, y hasta qué punto eso supone una ventaja injusta.

Muchos afirman que la idea de que los distintos dispositivos de Apple puedan vincularse y desarrollar funcionalidades de manera conjunta es una de las formas que la compañía utiliza para progresar en cuota de cliente: adquieres un primer producto de la marca, pero el hecho de que funcione mejor cuando tienes otro y puede comunicarse con él, hace que tengas más incentivo para adquirir el siguiente. Ese desarrollo de ecosistema, ahora, se extiende ya no solo a tus dispositivos, sino a los de otros usuarios que no tienen nada que ver contigo, pero que conforman una red que cubre prácticamente todo el planeta y puede ayudarte a situar en un mapa aquello que has perdido, con todas las garantías de privacidad que la marca aporta. ¿Cuántas aplicaciones más pueden llegar a derivarse de una funcionalidad así?

Por definición, un ecosistema de productos tiene una propuesta de valor superior a la de un producto aislado. Que Apple supiese eso y lo apalancase desde hace mucho tiempo no era noticia. Pero con los Airtags, en muchos sentidos, lo lleva a un nivel superior.


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