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Las empresas y los estándares morales

Lamento ser simplista, pero desde los inicios de mi carrera profesional, hay una cosa que siempre he tenido muy clara: los estándares morales que se perciben a partir de la conducta del fundador o los fundadores de una compañía condicionan completamente a esa compañía y a su evolución, en todos los sentidos.

Para mí, empresas como Palantir siempre han representado el mal. Conseguir gracias al hackeo de una ley destinada a mejorar la vida de los inversores de clase media, una exención fiscal que le permite conseguir cinco mil millones libres de impuestos para toda la vida puede parecer una gran habilidad y algo muy ingenioso, pero a mí me parece de una insolidaridad espantosa y un comportamiento execrable desde cualquier punto de vista para el resto de la sociedad. A partir de ahí, y por muchas otras declaraciones y actitudes, descarté a Peter Thiel como persona capaz de crear nada positivo para la sociedad, y la realidad no tardó en darme la razón: hablamos de alguien que se considera muy claramente por encima de todos los demás, y que no duda en montar una compañía, Palantir, para explotar hasta el límite todos los datos de «todos esos pobres plebeyos» y venderlos al mejor postor, sea quien sea y tenga las consecuencias que tenga.

Llevo mucho tiempo avisando sobre las impresiones que me genera Palantir, y ahora son los jueces alemanes los que avisan sobre los peligros que supone para cualquier miembro de la sociedad que cualquier organismo público o autoridad en su país utilicen los productos de esta compañía. El problema, además, es que los productos de esta compañía son el auténtico sueño húmedo de muchos políticos mediocres que creen que su poder aumenta cuanto más cosas saben de los ciudadanos a los que gobiernan. Es el producto perfecto para dictadores y para políticos a los que no les preocupa convertir sus países en auténticas distopías que espían a todos sus ciudadanos. Y así y mediante la dialéctica triunfalista arquetípica de Silicon Valley, ha ido consiguiendo seducir a muchos gobiernos a todos los niveles, y hacerse con una enorme colección de datos que, por mucho que algunos pretendan, estoy seguro que no elimina jamás.

Una compañía decididamente peligrosa. Pero por supuesto, no es la única. Fue mi análisis sobre los principios morales que revelan la gestión de las compañías lo que me llevó, por ejemplo, a cambiar radicalmente mis impresiones con respecto a Facebook, ahora Meta, y cualquiera con un mínimo de curiosidad podría deducir en qué momento ocurrió eso, como si fuera una revelación de las que te hacen caer de tu caballo. Con TikTok, en cambio, fue mucho más fácil: la revelación sobre sus estándares morales llegó al principio de su historia, cuando comprobé el tratamiento que daba a los vídeos de menores que grababan coreografías y cómo los trataba en su sistema de recomendación. Cuando compruebas fehacientemente algo así, no hay nada que pueda convencerte sobre las posibilidades de esa compañía de cambiar sus estándares morales y convertirse en algo bueno. Nada. Sabes positivamente que la compañía es mala, y que nada bueno va a poder salir de ella. Diga lo que diga, anuncie lo que anuncie, y cambie lo que dice que cambia. Es como una huella dactilar: no cambia nunca.

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Algunos de los que me leéis habitualmente hacéis hasta chistes del tipo «hoy toca Facebook» cuando escribo sobre algunas de esas compañías, y me parece muy bien: son mis estándares morales, los de un viejo profesor con treinta y cinco años de experiencia analizando compañías y discutiendo sus casos en clase, pero no tenéis por qué compartirlos en absoluto. Son los míos, y como soy yo el que escribo esto y no tengo que someterme a ninguna revisión editorial de ningún tipo, pues es lo que hay: cuando lees consistentemente a una persona, tienes que considerar que tiene sus valores morales, y que unas veces estarás de acuerdo con ellos, y otras veces no. Los valores morales es lo que tienen: admiten jerarquías, matices de todo tipo y hasta manías personales. No pretendo que todo el mundo comparta los míos, pero sí que al menos, me permitan expresarlos (que no descartemos que algún día llegue una de esas compañías y me denuncie por ello… ya me ha ocurrido anteriormente). Algunos pensarán, y con razón, que mis valores se corresponden con los de un académico con una vida muy cómoda, sin la presión de tener que facturar para pagar unas nóminas y todas esas cosas… puede ser. Pero de nuevo, son los que tengo.

Palantir es una compañía muy, muy peligrosa. Cuanto más lejos, mejor. Pero sobre todo, lo es porque, como ocurre en el caso de Meta o de TikTok, los estándares morales de sus fundadores se han transmitido a toda la compañía, y condicionan todas las decisiones que se toman en ella. De algo así, simplemente, no puede salir nada bueno.

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