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No se recupera…

IMAGE: Google Finance

No cabe duda que el día 3 de febrero no debe provocarle a Mark Zuckerberg ningún buen recuerdo. En ese día, las acciones de su compañía, que estaban a $323 al cierre del día 2, cerraron a $237, lo que dio lugar a una pérdida de valor de la compañía de 232,000 millones de dólares, la mayor caída en un día en la historia del NASDAQ.

Hasta aquí, nada nuevo: Facebook había experimentado unas cuantas caídas bursátiles de elevada magnitud anteriormente, generalmente coincidentes con los muchos escándalos que han afectado a la compañía, pero hasta el momento, esas caídas tendían a recuperarse rápidamente en poco tiempo, en cuanto el escándalo se iba olvidando y los anunciantes seguían inyectando dinero en sus campañas.

¿Es la actual caída diferente? Todo indica que sí. Por un lado, dos semanas después de la brutal bofetada del 3 de febrero, la acción no solo no se ha recuperado, sino que ha seguido bajando desde los $237 hasta los $206 actuales, lo que ha llevado a que la compañía, que llegó a estar cerca de entrar en el selecto club del billón de dólares de capitalización, valga ahora unos $565,000 millones y se haya caído del top 10 de las empresas más valiosas del mundo.

¿Qué es diferente en esta ocasión? Fundamentalmente, que los anunciantes, la auténtica gasolina que mantenía con su ausencia de ética y su mirar hacia otro lado la cuenta de resultados en funcionamiento, ya no parecen dispuestos a seguir tirando su dinero en las propiedades de la compañía. Simplemente, tras las acciones de Apple para proteger la privacidad de sus usuarios e impedir que todo lo que hacían en sus dispositivos fuese recolectado y analizado, las campañas ya no funcionan como funcionaban, los costes de adquisición de clientes se han disparado debido a la menor calidad de la segmentación, y los anunciantes se llevan su dinero a otras plataformas. Lo que la mayor parte de esos anunciantes aducían, que los anuncios en Facebook y sus propiedades les proporcionaban la mejor conversión, ha dejado de ser cierto.

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Para terminar de liarla, y como los problemas no suelen venir solos, la compañía se enfrenta a una serie de importantes batallas judiciales: por un lado, la ex-empleada Frances Haugen, que denunció las prácticas de la compañía en un enorme dossier que trabajó con The Wall Street Journal, ha formulado otra denuncia, esta vez ante la SEC, alegando que la compañía engañó a los inversores cuando anunció que estaba trabajando para corregir la desinformación generada en temas como el COVID o la emergencia climática, cuando en realidad nunca hizo nada tangible para evitarlo. Por otro, el estado de Texas ha denunciado a la compañía por el uso de tecnologías de reconocimiento facial y reclama varios cientos de miles de millones de dólares en concepto de decenas de millones de violaciones de la privacidad de los ciudadanos del estado. Y por último, los tribunales irlandeses se disponen a dictar sentencia en el asunto de la exportación de datos de ciudadanos europeos a los Estados Unidos, un problema adicional que podría complicar el negocio publicitario de la compañía en el continente y cerrarse también con sanciones por haber seguido trabajando de la misma manera cuando las condiciones cambiaron y dejó de funcionar el Privacy Shield.

Toda una constelación de problemas que parecen indicar que, en esta ocasión, las preocupaciones de Zuckerberg no van a ser simplemente cuestión de esperar un poco para comprobar que los anunciantes siguen dándole su dinero. En esta ocasión, todo indica que hablamos de un daño bastante más profundo. Y posiblemente, permanente.

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