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Redes sociales y (falta de) innovación

IMAGE: Peggy and Marco Lachmann-Anke - Pixabay (CC0)

No puedo estar más tristemente de acuerdo con este artículo en Business Insider: la innovación en redes sociales ha muerto.

La llegada de los Fleets a Twitter evidencia que la falta de imaginación está tan tristemente generalizada en el entorno de las redes sociales, que cada una se dedica simplemente a copiar patéticamente a la de al lado, hasta el punto de que los usuarios ya no tienen ni siquiera claro en cual de ellas están.

Se dice que Evan Spiegel, Bobby Murphy y Reggie Brown, cofundadores de Snapchat, hicieron hasta treinta y un intentos en sus años de Stanford antes de terminar lanzando la compañía, partiendo de un primer diseño llamado Picaboo, que se les ocurrió al ver a un compañero de clase arrepintiéndose de haber enviado una foto. No vamos a especular sobre qué había en la foto ni por qué razón se arrepentía, pero posiblemente sea uno de los pocos casos en los que se puede justificar que algo que has enviado desaparezca al cabo de un rato. Pero a partir de ahí, y tras rechazar una oferta de adquisición de Facebook por tres mil millones de dólares, la compañía de Mark Zuckerberg se empecinó en copiar dicha funcionalidad, y lo intentó en repetidas ocasiones hasta que, finalmente, consiguió tener éxito con las Stories de Instagram.

Desde entonces, a los directivos de redes sociales se les rompió la bombilla. Alguien debió pensar eso de «quien roba a un ladrón, tiene cien años de perdón», y se han dedicado a crear – si es que podemos llamar a eso «crear» – funcionalidades ya no semejantes, sino completamente idénticas, radicalmente calcadas, sin la menor vergüenza: dado el éxito, Facebook añadió las historias a su propia red social y a WhatsApp. Microsoft las incorporó nada menos que en LinkedIn, uno de los lugares donde más absurdo y patético me puede parecer ese género comunicativo. Y ahora, Twitter las añade también, en el mismo lugar de la pantalla, con el mismo anodino aspecto y la misma funcionalidad. Ahora ya, la última estupidez colectiva es crear una de esas historias intrascendentes, y después dedicar más tiempo a subirla a todas las redes sociales una detrás de otra que el tiempo que absurdamente desperdiciaste creándola, para que además, desaparezca veinticuatro horas después. Genial. Si hace algunos años nos hubiesen dicho que dedicaríamos nuestro tiempo a semejantes cansinas estupideces, no nos lo habríamos creído.

El resultado ya no es solo una imagen patética que evidencia una total carencia de ideas, sino la desagradable sensación de que no sabes en qué diablos de aplicación o de red social estás. Cada una, copiando miserablemente y sin ningún recato a la de al lado. Una obsesión con un formato, el de las historias que desaparecen tras un tiempo determinado, que hace mucho que no da más de sí, un género que se ha convertido en caricatura de sí mismo. ¿Cuál es la ventaja de publicar algo que desaparece a las pocas horas? Por alguna razón, todo el mundo se ha obsesionado con esa fugacidad, con esa banalidad, con esa estética de musiquita de fondo, anotaciones sobre la foto, movimientos coreografiados o vídeos en bucle. No sé cuánto durará la moda del maldito género efímero, pero a mí ya me había llegado cuando empezó: no le veía valor alguno, y sigo sin vérselo, por más clones idénticos que se sigan generando. Aunque las pueda haber más simpáticas, más graciosas o más imaginativas, siguen pareciéndome un completo desperdicio. Sigo sin entender el valor que aporta el que algo que has invertido tiempo en crear, desaparezca rápidamente.

Algo más debe haber en la comunicación social que simplemente dedicarnos todos a grabar y compartir estupideces que se borran a las pocas horas. Algo más tiene que haber que aporte algo más de valor, algo más de originalidad, algo más de interés. Algo más.

Ya va siendo hora de reinventar las redes sociales. Lo que hay es cada día una basura más grande y más indiferenciada, más anodina y más absurda. Debe ser que me estoy haciendo viejo. Voy a ver si hago una story, la publico en Snapchat, en Instagram, en Facebook, en WhatsApp, en LinkedIn y en Twitter, y os lo cuento. Espero que la veáis antes de que desaparezca…


This article was also published in English on Forbes, «Whatever happened to innovation on social networks?«


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