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Bielorrusia, Telegram y la venganza de Pavel Durov

IMAGE: Belarus map and Telegram logo

Las protestas políticas contra la dictadura de Alexander Lukashenko en Bielorrusia tras las fraudulentas elecciones del pasado 9 de agosto merecen un seguimiento y un análisis desde el punto de vista tecnológico: a pesar de los repetidos intentos de control y censura de internet por parte del gobierno, una herramienta en concreto, Telegram, ha conseguido mantenerse activa y se ha convertido, a todos los efectos, en el canal que coordina la práctica totalidad de las acciones de protesta.

El interés de la historia se ve precisamente acrecentado por la naturaleza de Telegram: una herramienta de mensajería instantánea creada por Pavel Durov y que muchos erróneamente asocian con Rusia. Durov es, en efecto, nacido en 1984 en San Petersburgo, Rusia, y de hecho fue el creador de la que aún es la red social más importante en el país, VK. Sin embargo, la propiedad de VK le fue arrebatada en 2014 merced a una maniobra del gobierno ruso utilizando Mail.Ru, y Durov decidió, junto con su hermano mayor, Nikolai, autoexiliarse del país sin planes de regreso, tomar la ciudadanía de Saint Kitts and Nevis mediante una donación económica, y crear Telegram como una herramienta resiliente ante la censura.

Rusia ha intentado bloquear Telegram en varias ocasiones desde abril de 2018, pero sin éxito, hasta que finalmente fue desbloqueada en junio de 2020. La técnica utilizada por Telegram para mantenerse accesible, domain fronting, permite esconder una petición a una dirección determinada dentro de la parte cifrada de una conexión https, y del mismo modo que lo hizo en Rusia, ha permitido que los ciudadanos bielorrusos pudiesen seguir utilizando Telegram incluso cuando muchas otras herramientas estaban siendo bloqueadas por la censura gubernamental.

El resultado del uso de esta técnica para mantener el servicio de Telegram disponible en Bielorrusia es que una gran parte de la población del país se ha organizado a través de canales en la herramienta, y pueden coordinar protestas y acciones de disidencia sin que las autoridades puedan impedirlo. El canal más importante, NEXTA Live, tiene 1.3 millones de suscriptores, un cuarto de la población total del país.

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Cuando, en los días previos a las elecciones, el gobierno de Lukashenko comenzó a bloquear internet, muchos ciudadanos lograron saltarse esos bloqueos mediante el uso de VPNs como Psiphon o Tachyon, popularizadas recientemente por las protestas en Hong Kong y en Irán, pero los conocimientos para utilizar o entender ese tipo de herramientas no estaban al alcance de toda la población, mientras que Telegram representaba una opción sencilla y que cualquiera podía instalarse y utilizar inmediatamente. En torno a cien mil personas en el país trabajan en la industria tecnológica, que genera el 6.4% de su producto interior bruto, y muchos de ellos están desde entonces llevando a cabo acciones de activismo que van desde evangelizar en el uso de Telegram, hasta distribuir a través todo tipo de medios, incluyendo discos USB, herramientas comentadas para aprender a utilizar VPNs y saltarse así esa censura gubernamental.

Independientemente del resultado final de las acciones de protesta en Bielorrusia, en las que un dictador a las puertas de Europa que lleva veintiséis años en el poder intenta resistirse a su caída por todos los medios, no cabe duda de que estamos ante un modelo que podría ser imitado por activistas de muchos otros países en sus intentos de eludir el control gubernamental. Y como siempre, esto tiene dos caras: por un lado ese potencial muy interesante para los movimientos de liberación; y por otro, la posibilidad de convertirse en un canal para cualquier cosa, como ya ocurre con el tráfico de drogas en otros países. Pero para Pavel Durov, una persona que vio como el control de la compañía que había fundado le era arrebatado merced a una maniobra gubernamental, una evidencia de que la mejor venganza es la que se sirve fría.


This article was also published on Forbes, «Belarus, Telegram and Pavel Durov’s revenge«


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