automotivechipelectric carGeneralleadershiplegacyobsolescencetechnologyteslatsmc

El éxito de producción de Tesla no es casualidad

IMAGE: Steve Jurvetson (CC BY)

Tesla publica las cifras de producción y envíos de vehículos desde sus fábricas durante el tercer trimestre de 2021, y se convierte en el único fabricante que, en medio de la llamada «crisis de los chips» que ha provocado más de 210,000 millones de dólares en pérdidas y el el cierre de numerosas fábricas en todo el mundo, consigue no solo elevar sus números y superar las previsiones de los analistas, sino incluso superar su récord histórico.

¿Qué hace que un fabricante sea capaz de superar sus objetivos históricos de producción mientras el resto de su industria se hunde por carecer de los necesarios chips para sus vehículos? Muy sencillo: que Tesla no se parece en nada a los fabricantes tradicionales.

Comencemos por el principio: la crisis de los chips proviene de una serie de problemas que han llevado a que las grandes fábricas mundiales como TSMC, inundadas de pedidos, se vean obligadas a priorizar sus líneas de producción. ¿Cómo se marcan prioridades en la fabricación de chips? Lógicamente, como se haría en cualquier negocio: atendiendo primero aquellos pedidos que representan un margen mayor.

Y es aquí donde surgen las grandes diferencias: los fabricantes de automóviles tradicionales siguen utilizando chips de tecnología por lo general muy antigua, dado que sus prestaciones les resultan suficientes para sus requerimientos y carecen de limitaciones como las que existen, por ejemplo, en la electrónica de consumo, en la que cualquier incremento de prestaciones, reducción de peso o de consumo son rápidamente aprovechadas por fabricantes en una fortísima dinámica competitiva. Para los fabricantes tradicionales de automóviles, que representan entre el 8% y el 10% de la demanda de chips, ese componente no tiene una gran prioridad, y se abastecen de tecnologías que los fabricantes consideran hoy legacy, completamente anticuada.

Related Articles

De hecho, la propia TSMC, líder en fabricación de chips, se ha planteado montar una fábrica diferente para abastecer a la industria de la automoción, que demanda chips que, simplemente, ya ni siquiera se fabrican como los actuales. La recuperación de la crisis de los chips para los fabricantes de automóviles, por tanto, depende de decisiones de compañías como TSMC y Samsung, que en el medio de un momento de escasez mundial prefieren utilizar su capacidad de fabricación para vender chips modernos y de alto margen a las compañías de electrónica de consumo, frente a dedicarla a fabricar chips obsoletos y que representan, a pesar de su volumen, un escaso margen de beneficios.

La excepción a ese panorama en la industria de la automoción es, obviamente, Tesla. La compañía, simplemente, no tiene nada que ver con los fabricantes de automóviles tradicionales: otorga a los chips una importancia fundamental, hasta el punto no solo de diseñarlos ella misma como hacen compañías como Apple, Amazon, Facebook o Baidu, sino incluso de ser capaz de reescribir su software para adaptarlo a la disponibilidad de chips en la industria. Por mucho que miremos, no encontraremos en toda la industria del automóvil a nadie que se plantee un movimiento así. Esta supremacía tecnológica sitúa a Tesla en un nivel tan separado de los legacy automakers, que sencillamente, carece de competencia en ese sentido.

Mientras los fabricantes tradicionales eligen un chip determinado y lo mantienen durante años porque les resulta suficiente para lo que demandan de él, Tesla se encuentra metida en una carrera por exprimir las prestaciones de los chips y por optimizar su funcionamiento que resulta completamente imposible de comprender para sus competidores, y que se parece mucho más a lo que ocurre en el ámbito de la electrónica de consumo. Tesla no es una compañía de automóviles, sino una empresa tecnológica.

Visto así, las cifras de Tesla resultan fáciles de explicar: los fabricantes de chips prefieren suministrar los chips más modernos que pueden fabricar, con tecnología de última generación y con un margen sensiblemente más elevado, que dedicar tiempo en sus líneas de producción para fabricar las antiguallas que les demandan las compañías de automóviles tradicionales.

Si intentas explicar a un directivo de una compañía automovilística «de las de toda la vida» que Tesla está invirtiendo cuantiosos recursos en fabricar sus propios chips para entrenar sus propios algoritmos con los datos que recoge de su flota en sus data centers, te mirará con cara de no tener ni la más maldita idea de lo que estás hablando, como si viniese de otra industria completamente diferente. Y esa es la realidad: mientras unos siguen empeñados en torturar el motor de explosión y piensan en los chips simplemente como un mal necesario para ofrecer ciertas prestaciones generalmente percibidas como accesorias o colaterales, en muchos casos como «extras», en sus vehículos, Tesla abandera la revolución eléctrica, y sus vehículos son auténticos ordenadores con ruedas que utilizan los chips más punteros disponibles, en muchos casos incluso diseñados por ella misma.

Cuando veas que una marca de automóviles se ve obligada a cerrar fábricas y enviar a sus trabajadores a sus casas por no disponer de chips para la producción, ya sabes de lo que estamos hablando: los chips que utilizaba eran tan anticuados, que en condiciones de alta demanda, a las fábricas de chips ni siquiera les interesaba producirlos y servírselos. Ahora ya sabes de qué tipo de diferencias estamos hablando.

Related Articles

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Back to top button