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El mercado inmobiliario, las crisis y las incertidumbres

IMAGE: Mohamed Hassan - Pixabay (CC0)

Resulta curioso pensar en cómo sectores tan fundamentales en la economía como la construcción o el inmobiliario se pueden ver afectados por factores como los cambios en el panorama tecnológico o la emergencia climática, y pensar hasta qué punto pueden este tipo de factores jugar un papel importante en la próxima y previsible crisis económica.

En un país como los Estados Unidos, las cifras hablan de un déficit de más de siete millones de hogares, sobre todo en el estrato de rentas bajas y muy bajas, las más afectadas por la pandemia. De por sí, una buena parte de la economía se asienta sobre más de un billón de dólares en préstamos hipotecarios, muchos de cuyos pagos periódicos se están viendo comprometidos por esta crisis.

Pero además de este problema a relativo corto plazo, surge otra amenaza que muchos cifraban a muy largo plazo y que cada vez se evidencia más que nos afecta de manera más evidente: la emergencia climática y la guerra que el hombre parece estar luchando contra la naturaleza. A lo largo de este año, la frecuencia de desastres naturales como huracanes o incendios en varias zonas del país se ha visto sensiblemente incrementada debido a la creciente desestabilización del clima – por si te habías planteado por qué este año las tormentas y huracanes tenían nombres de letras griegas – lo que, unido a la progresiva elevación del nivel del mar, presagia posibles desplazamientos de millones de norteamericanos. Una migración masiva sin precedentes que, sin duda, supondrá más tensiones económicas para los afectados.

Sin embargo, esas tensiones no afectan únicamente a aquellos que se ven forzados a emigrar en busca de zonas menos afectadas por desastres naturales y que precisarán de nuevas propiedades a precios razonables: además, los préstamos hipotecarios vinculados con muchas de las propiedades que previsiblemente serán destruidas están agrupadas en inversiones que no han tenido en cuenta el riesgo climático, lo que permite presagiar una crisis hipotecaria de una magnitud preocupante.

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El factor tecnológico juega otro papel interesante: una gran cantidad de propiedades, sobre todo en zonas céntricas en las ciudades, están en manos de propietarios que las alquilaban a corto plazo mediante compañías como Airbnb. La caída de actividad que provocó la pandemia hizo que muchos analistas hablasen de una recuperación de estas propiedades para alquileres a largo plazo más económicos, una circunstancia que tras muy exitosa salida a bolsa de la compañía la semana pasada es muy probable que no vaya a producirse.

En algunas zonas, como California o Seattle, se habla de importantes déficits en la cantidad de vivienda disponible, lo que está llevando a grandes tecnológicas como Google, Apple o Microsoft a planificar sus oferta inmobiliaria propia o a destinar fondos a la oferta de vivienda, bien para asegurar propiedades pasa sus empleados o para tratar de paliar una crisis derivada de los procesos de gentrificación que, en gran medida, ellas mismas han desencadenado en sus zonas de influencia. Por otro lado, el mercado de zonas como San Francisco se ha enfriado a medida que mas trabajadores de tecnológicas se desplazan a otras zonas gracias a la posibilidad que sus compañías les ofrecen de trabajar desde sus casas, pero los umbrales de precios se mantienen aún a niveles muy elevados.

Un conjunto de efectos a corto, medio y largo plazo que presagian de un contexto de enorme incertidumbre en industrias con un fortísimo impacto en la economía. Y eso, en los Estados Unidos. En otros países del mundo, están mucho peor.

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