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El petróleo y sus (muchas) contradicciones

IMAGE: Gina Dittmer (CC0)

Esta semana ha sido especialmente pródiga con noticias acerca de las múltiples contradicciones en las que la humanidad está incurriendo con respecto a la mayor transición tecnológica de toda su historia: el necesario abandono del uso de combustibles fósiles.

Por un lado, Shell, una de las mayores petroleras del mundo, ha sido legalmente obligada por un tribunal de su país de origen a recortar sus emisiones mucho más rápido de lo que originalmente tenía planeado, un 45% sus emisiones antes del año 2030, debido a que el tribunal ha considerado que los objetivos de descarbonización de la empresa eran manifiestamente incompatibles con el Acuerdo de París.

La noticia, que podría (y debería) desencadenar una oleada de denuncias similares en todo el mundo, coincide con el incremento de la presión en los consejos de administración de otras dos de las mayores empresas petroleras del mundo, las norteamericanas Exxon y Chevron, algunos de cuyos accionistas reclaman respuestas más rápidas a la emergencia climática, en lugar de meros compromisos estéticos.

Si algo está claro es que a la industria del petróleo le va a costar cada vez más ignorar la presión social de cara a la reducción de sus emisiones. Estamos, sin duda, ante un cambio fundamental, el fin de la era del petróleo, que podría conllevar una auténtica debacle financiera entre las compañías dedicadas a explotar un recurso que está aún muy lejos de terminarse, pero que cada vez resulta más anti-económico explotar. En los próximos treinta años, el 80% de la industria del petróleo se dispone a desaparecer.

Hasta el momento, las mentiras de las empresas petroleras, cuyo efecto sobre la emergencia climática había sido drásticamente subestimado a lo largo de muchos años, las habían llevado a mantener planes de incremento de su producción, pero esto resulta cada vez más complicado. De ahí que el apoyo de la administración Biden al proyecto Willow de explotación petrolífera en Alaska, que produciría cien mil barriles de petróleo al día durante treinta años a costa de una zona de permafrost y con un fuerte impacto en poblaciones de peces, renos y osos polares, resulte completamente inexplicable, y comprometa gravemente la credibilidad de unos objetivos medioambientales que habían sido un elemento fundamental de su programa electoral. Es triste que la más sucia de las industrias haya aprendido también a ensuciar la política.

Precisamente la Agencia Internacional de la Energía publicó el pasado martes un informe con una hoja de ruta para el sector energético global en el que conmina a todos los países a interrumpir inmediatamente la aprobación de proyectos para nuevas centrales eléctricas de carbón y nuevas explotaciones de extracción de petróleo y gas, así como a proceder a eliminar rápidamente los vehículos alimentados por combustibles fósiles si quieren evitar los efectos más catastróficos del cambio climático.

Un tribunal australiano ha sentenciado que el estado tiene el deber de proteger a las generaciones más jóvenes de ciudadanos con respecto a la emergencia climática, en una demanda que pretende interrumpir el proyecto de expansión de una mina de carbón, en otro caso que pronto podría ser replicado en otros países.

La combinación de tecnologías que supuso la explotación de los combustibles fósiles y el motor de explosión supuso un progreso económico enorme para la humanidad durante muchas décadas, pero ahora sabemos a qué precio lo hizo. Abandonar completamente el uso de combustibles fósiles, una industria a la que llevamos mucho tiempo subvencionando y financiando irresponsablemente para evitar que la economía se detenga, resulta absolutamente fundamental, por mucho que ello pueda parecer imposible a día de hoy, porque el coste real de esos combustibles fósiles es, en realidad, muchísimo más elevado. Pero es posible, y no solo posible, sino fundamental llevar esa transición a cabo: el mundo debería alimentarse exclusivamente de energías renovables antes del año 2030. Las energías renovables llevan ya tiempo siendo la opción más barata, pese a los mitos interesados que muchos se empeñan en difundir, y podrían perfectamente ser suficientes para cubrir todas nuestras necesidades.

Es hora ya de terminar con las contradicciones.


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