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La COP26 y la necesaria transición energética

IMAGE: Dr. Pepper Scott 230 - Pixabay (CC0)

Con la COP26 ya en marcha y con la maquinaria de anuncios por parte de los países en pleno furor, me parece interesante resaltar el factor más importante de cara a conseguir la imprescindible transición hacia un planeta más sostenible, y que no es otra que la misma que nos trajo hasta la situación actual: la transición energética.

En efecto: nuestros problemas con el incremento de la temperatura del planeta se deben, de manera clara y evidente, al período de tiempo en que los seres humanos nos hemos dedicado a producir energía mediante la quema desenfrenada de combustibles fósiles. Es así de sencillo: si quieres tener alguna oportunidad de evitar que la temperatura del planeta supere los límites en los que la vida humana puede seguir siendo viable sobre él, la única alternativa – y la que debe producirse antes que ninguna otra – es dejar de quemar esos combustibles fósiles y sustituirlos por fuentes de energía sostenible.

La transición energética está teniendo lugar, pero ni de lejos con la velocidad adecuada. Los países que logran abastecerse de manera mayoritaria con energías renovables (Albania, Bután, Congo, Etiopía, Namibia, Nepal, Noruega y Paraguay) lo hacen todavía fundamentalmente gracias a la explotación de instalaciones hidroeléctricas, una tecnología que lleva muchas décadas funcionando, pero que tiene, obviamente, sus limitaciones y que solo está al alcance de aquellos países con un entorno adecuado para explotarla. Esto quiere decir, ni más ni menos, que las otras fuentes de energía renovable de desarrollo más moderno, como la eólica y la solar, están aún muy por debajo en su nivel de implantación.

Instalar paneles en la mitad de los tejados del mundo sería suficiente para cubrir todas las necesidades de electricidad del planeta. Si unimos a esas instalaciones otras explotaciones de escala más industrial, las granjas solares, que además admiten otros usos productivos del espacio, podríamos generar capacidad excedentaria, y almacenarla para cuando el sol no brille en baterías o mediante otro tipo de mecanismos. La creciente resistencia a las granjas solares es completamente absurda y debe ser atajada, porque no es otra cosa más que resistencia al cambio frente a una de las tecnologías señaladas para solucionar el que es en este momento el mayor problema de la humanidad. El desarrollo de la energía eólica, tanto en tierra como en su vertiente marina, es también uno de los que están recibiendo mayor atención, y también parece destinada a jugar un importante papel en el tejido de generación.

Empujar las renovables, además, tiene otra contrapartida: el enorme ahorro que es susceptible de generar en costes sanitarios: un estudio reciente viene a demostrar que esa transición daría lugar a ahorros de billones de dólares derivados de los efectos que las emisiones de diversos gases y partículas tienen sobre nuestra salud, lo que puede considerarse como un beneficio indirecto que añade una dimensión más, de hecho la más importante, a la hora de considerar este tipo de proyectos. Todo, absolutamente todo en la COP26 deberían ser conversaciones para planificar los faraónicos proyectos que todos los países, del primero al último, tienen que acometer de manera inmediata – no a diez ni a veinte años vista – en el desarrollo de energías renovables.

¿Dónde está el problema? Simplemente, en la velocidad de la transición energética. El mayor productor de petróleo del mundo, Arabia Saudí, ha anunciado que alcanzará la neutralidad en emisiones en el año 2060, un objetivo demasiado moderado y tardío, y que aún dejaría libertad para que siguiese exportando petróleo y gas a otros países y compensando sus emisiones mediante otros mecanismos. La producción de petróleo ya planificada en todo el mundo excede de manera amplísima los límites que tendríamos que cumplir para evitar una emergencia climática, y es además enormemente cara si tenemos en cuenta los enormes subsidios que recibe.

Estamos ante un modelo, el de la quema de combustibles fósiles, que además de estar destrozando el planeta, hace ya mucho tiempo que no resulta rentable sin subsidios, y que sabemos que resulta urgente detener, pero la inercia del sistema hace que sigamos posponiendo la decisión y que sigamos pensando que es imposible hacerlo. Y mientras sigamos así, seguiremos sin entender lo que realmente ocurre, posponiendo la necesaria transición energética, y haciendo reuniones y conferencias internacionales para hablar simplemente de buenos propósitos, porque la realidad nos resulta imposible de asimilar.

Dar por amortizada la era de los combustibles fósiles y abandonar su uso lo antes posible es lo único que puede salvar la civilización humana. Ni más ni menos que una transición tecnológica. No hay más. Ni menos. Pero tenemos que empezar por entenderlo.

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