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La publicidad programática como espionaje masivo

IMAGE: Macedo Media - Pixabay

Un interesantísimo informe del Irish Council for Civil Liberties, titulado «The biggest data breach« (pdf), estudia el funcionamiento de la publicidad programática y el real-time bidding, y lo clasifica como «el mayor robo de información jamás registrado«: cientos de veces al día (en promedio unas 747 veces al día en los Estados Unidos y 376 en Europa), nuestra información personal, nuestros hábitos en la red y nuestra navegación es recolectada, exportada a países de todo el mundo y revendida sin tregua ni limitación aparente alguna, para crear perfiles que son subastados en tiempo real entre los anunciantes cada vez que entramos en una página.

Una absoluta violación de nuestra privacidad que no puede ser de ningún modo justificada simplemente diciendo que «los usuarios lo han consentido» firmando unos acuerdos de términos de servicio que absolutamente nadie puede, de manera razonable, leerse y entender. Es, simplemente, un abuso elevado a proporciones inenarrables, algo que jamás permitiríamos fuera de la red, pero que por alguna razón, fundamentalmente desconocimiento colectivo, permitimos cuando utilizamos internet.

El auténtico mercado persa que se ha formado en torno a nuestros datos en la red es ya la mayor característica definitoria del lamentable estado actual de internet: hemos construido una descomunal máquina de espionaje masivo, y hemos dedicado algunos de los cerebros más brillantes de toda una generación a hacer que la gente hiciese clic en anuncios.

El nivel de desarrollo de la publicidad en internet es ya tal, que una gran cantidad de las páginas que visitamos no se limitan simplemente a filtrar nuestra información a vastas redes de espionaje, sino que incluso hacen uso de capturadores de teclado (keyloggers) para saber lo que escribimos, aunque no lleguemos a darle al botón de enviar. Por no hablar del absoluto y vergonzante chalaneo que existe en torno a la información de geolocalización, o a mil ejemplos más.

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¿Lo peor de todo ello? Que ni siquiera es especialmente brillante. La publicidad persecutoria, simplemente, no funciona. La rentabilidad de la publicidad programática, en la práctica, no es mucho mejor que la que obtendríamos si pusiésemos esos anuncios completamente al azar o si lo hiciésemos con unas nociones mínimas de segmentación en función del contenido de la página, sin necesidad de recabar ninguna información de sus visitantes.

Así las cosas, y dado que los anunciantes son aparentemente demasiado estúpidos como para darse cuenta de que su publicidad no funciona y que les están timando, solo podemos esperar que cada vez más usuarios sigan bloqueando la publicidad como hacen ya un 42.7% de los usuarios del mundo hasta que ese boicot masivo haga completamente absurda la alternativa de anunciarse de esa forma, o que la Unión Europea se haga eco del principio que afirma que aquello que es ilegal fuera de la red debe serlo también cuando estamos en ella, y termine de prohibir ese repugnante tipo de publicidad.

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