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Las soft skills, el mercado y la tecnología

IMAGE: Wolfgang Hasselmann - Unsplash

Rita Abundancia me llamó para hablar sobre la importancia de las soft skills, la tecnología y el mercado de trabajo, y hoy publica un artículo en El País bajo el título «Dar la vuelta al mundo o pasear perros como voluntario: la importancia laboral de adquirir habilidades que la IA no puede imitar» (pdf), en el que cita algunos de los temas que comentamos.

Mi sensación en este tema es que las soft skills o habilidades blandas, generalmente contrapuestas a las llamadas habilidades técnicas, son enormemente importantes, pero que esa importancia se ve en gran medida moderada por la estructura de los mercados de trabajo. Rita me comentaba cómo en mercados como el norteamericano, el japonés o el surcoreano, por ejemplo, las soft skills tenían una enorme valoración, y que se encontraba con estudiantes o candidatos de esas nacionalidades que invertían su tiempo, por ejemplo, haciendo el Camino de Santiago o dando una vuelta al mundo porque en países como Japón, aparentemente, eso es algo que las compañías valoran mucho.

Lógicamente, las soft skills se suelen contempla como un plus: primero recopilas una lista de candidatos que poseen las habilidades técnicas, la experiencia o la formación que requieres, y después utilizas las soft skills para filtrar entre ellos. En este sentido, y viniendo como venimos de un momento de extremo dinamismo en el desarrollo de la tecnología, ha sido muy habitual considerar de manera prácticamente exclusiva las habilidades técnicas y poner las soft skills en un relativo segundo plano. Es la regla del péndulo: hasta ahora estábamos muy interesados en perfiles tecnológicos; pero como cada vez más gente domina ya la tecnología y, además, esta cambia a la velocidad del rayo (lo que sabes hoy, ya es obsoleto mañana), las organizaciones empiezan a interesarse por las habilidades más duraderas, más propias de la persona.

Esto ocurre, además, de manera desigual: en mercados como los Estados Unidos, donde hay mucha oferta de trabajos, las soft skills se vuelven diferenciales. España, sin embargo, es un mercado con mucha demanda de empleos, y estas habilidades no se tienen tanto en cuenta: seguimos siendo un país de servicios, con una manera de dirigir las empresas relativamente arcaica, y en donde no se valora tanto el talento, lo que lleva a candidatos con más talento, habilidades o ambición a irse fuera del país, donde, además, se pagan sueldos comparativamente más elevados.

Por otro lado, muchas profesiones que tienen que ver con el uso del lenguaje, en pleno momento álgido del desarrollo de los algoritmos generativos capaces de manejar el lenguaje humano con suma precisión, pueden verse amenazadas o modificadas. El fenómeno es muy distinto en mercados como Corea del Sur, en donde escasea la mano de obra poco cualificada y hay comparativamente muy poca inmigración no cualificada que la lleve a cabo, por lo que los desarrollos de machine learning e inteligencia artificial se han dirigido mucho más a la robótica para desarrollar robots camareros o dependientes, puestos difíciles de llenar, que realizan tareas más mecánicas y generalmente menos creativas.

Un tema, sin duda, interesante: las soft skills como aquello que nos diferencia de los algoritmos, de las máquinas. Aunque, en la práctica, si lo que hace un algoritmo es analizar datos etiquetados con sus resultados para deducir las reglas que los gobiernan, las soft skills podrían, eventualmente, llegar a ser uno de los factores modelizados algorítmicamente, o al menos, empleados como parte de las soluciones generadas.

En cualquier caso, una reflexión que me ha resultado bastante estimulante.

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