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Para que venga el futuro… hay que llamarlo

IMAGE: Zoox

Mi columna en Invertia de esta semana se titula «Anticipando un futuro diferente» (pdf), y habla de la necesidad de anticipar y flexibilizar los espacios legislativos y normativos en los que se están produciendo innovaciones importantes, si quieres que esas innovaciones fructifiquen y generen efectos positivos en tu entorno.

Cuando la National Highways and Transport Safety Authority (NHTSA) estadounidense anuncia que, en consulta con todos los actores implicados, ha decidido modificar los Federal Motor Vehicle Safety Standards (FMVSS), los estándares que definían un automóvil y posibilitar que, por ejemplo, carezcan de retrovisores, de volante, de pedales o incluso de espacio dedicado al conductor, está en realidad favoreciendo que toda la innovación relacionada con la conducción autónoma, que promete efectos tan importantes como una fortísima reducción de la accidentalidad y de las muertes en accidentes o un descenso muy significativo de los niveles de contaminación y atascos, se desarrollen de manera preferencial en su mercado.

¿Qué implica que una innovación se desarrolle en tu mercado, en tu país o en tu contexto? Básicamente, que la mentalidad de tus ciudadanos, de tus instituciones y de tus reguladores se adapte rápidamente a ello y empiece a verlo ya no como algo lejano, sino cada vez más como algo cotidiano. Cuando Doug Ducey, gobernador del estado de Arizona, aprovechó la dureza de los estándares californianos para atraer a las compañías de vehículos autónomos a su estado afirmando que California era un ejemplo de sobrerregulación, consiguió gracias a ello convertirse en un escenario de futuro a todos los niveles, y adelantarse unos años en todo lo relacionado con ello, desde el diseño de las ciudades hasta la comprensión de los efectos de esas nuevas posibilidades y servicios.

Para atraer al futuro, hay que trabajar el contexto. Si Anne Hidalgo, alcaldesa de París, decide convertir su ciudad en un inmenso jardín que abarca incluso los Campos Elíseos, quitar muchísimo espacio al automóvil y proporcionárselo a vehículos como las bicicletas, consigue, por ejemplo, que compañías como Waymo o Renault tomen París como espacio en el que experimentar con rutas de conducción autónoma, y ese compromiso es susceptible de atraer muchos futuros beneficios. Mientras, Madrid, con su conservadurismo y su vergonzosa marcha atrás en las medidas medioambientales se convierte en la ciudad europea con mayor mortalidad derivada de la contaminación de los automóviles, según un informe de la prestigiosa The Lancet.

En la generación de contextos de innovación, la proactividad es fundamental. Cuando hace algo más de un mes hablé sobre el vehículo de la imagen, Zoox, muchos inmediatamente reaccionaron diciendo que era feo o raro: no, simplemente es diferente: es lo lógico cuando desaparece la necesidad de destinar espacio al conductor o de tener una parte delantera o trasera designadas como tales. La innovación exige trabajar su contexto, abrir mentes y, por supuesto, abrir estándares y regulaciones relacionadas. Exige hacer las apuestas adecuadas. Y mientras no las hagas y sigas empeñado en preservar lo que había, aunque mate a un número escandaloso de ciudadanos cada año, seguirás apostando por estar a la cola de la innovación.


This article is also available in English on my Medium page, «A Brave step toward a decentralized web«


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