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Un poco de IA… hasta en la sopa

IMAGE: Modified from OpenAI's DALL·E, via ChatGPT

Pasa todas las veces que un término se pone de moda y todo el mundo comienza a hablar de él: que surge una especie de fiebre por poner ese término en todas partes.

La protagonista de la última moda es, como no podía ser de otra manera, la inteligencia artificial. Adrián Espallargas, de ABC, me llamó para preguntarme mi opinión sobre la supuesta nueva generación de «electrodomésticos inteligentes», supuestamente «con IA», que los fabricantes están intentando colocar en el mercado, y ayer publicó su artículo titulado «La siguiente generación de electrodomésticos inteligentes llama a la puerta» en el que me cita como contrapunto.

¿Mi opinión? Sumamente clara: de entrada, toda prestación que sea calificada como «de inteligencia artificial» tiene que partir de un análisis de datos masivo, y es bastante dudoso que la industria de los electrodomésticos pueda generar esos datos porque, por lo general, los electrodomésticos no suelen estar conectados ni enviar esos datos a sus fabricantes. Partiendo de esa base, lo normal es que esos fabricantes simplemente estén apuntándose al término IA porque «está de moda», y que hablemos sin más de prestaciones de automatización más o menos avanzadas, pero que no cuentan con un motor de IA detrás.

Las prestaciones de las que los fabricantes hablan en el artículo son, pura y simplemente, algunos condicionales asociados con un sencillo reconocimiento de imágenes y tal vez algunos sensores. Eso permite algunas funcionalidades relativamente «novedosas», pero que nada tienen que ver con lo que podríamos denominar inteligencia artificial. Un «aparato inteligente» no es simplemente uno que es capaz de detectar la lectura de algún sensor y activar con ello alguna rutina: la IA es un poco más complicada que todo eso, pero es difícil evitar que los fabricantes se apunten a los términos de los que todo el mundo habla. 

¿Es la inteligencia artificial una burbuja a la que todo el mundo se tiene que apuntar? Sin duda. Cuando una tecnología es lanzada al mercado con un producto representativo y llama la atención hasta el punto de convertirse en un fenómeno de adopción, surgen dos tipos de reacciones: las de quienes tratan de entender el fenómeno y lo que les puede aportar, y las de aquellos que simplemente tratan de asociar el nuevo término a su marca o a sus productos como sea, aunque lo que hagan, en realidad, sea apuntarse a algo que no han terminado de entender y lo hagan simplemente por apuntarse a la moda.

Que la inteligencia artificial puede aportar mucho a un producto o servicio es absolutamente indudable. Hablamos de una tecnología susceptible de proporcionar desde prestaciones de automatización avanzada, hasta elementos generativos con todo tipo de posibilidades. Pero para ello, y dado que toda fase de adopción tecnológica pasa por distintas fases, tenemos que superar la fase de burbuja y pasar a tomarnos en serio las posibles aplicaciones de la inteligencia artificial, partiendo de los datos que tenemos disponibles para entrenar algoritmos y de las funcionalidades que pretendemos incorporar. Añadir el término sin fundamento no va a servirnos para nada más que para manosearlo absurdamente y, en último término, desacreditarnos como innovadores.

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