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Meta, una vez más…

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Mi columna en Invertia de esta semana se titula «¿Cuántas veces hay que reincidir para que te consideren peligroso?» (pdf), y habla de las últimas revelaciones surgidas a partir del juicio al que Meta está siendo sometida por la denuncia de cuarenta y un estados norteamericanos que alegan que la compañía construyó intencionadamente productos con características adictivas que provocaron daño a usuarios jóvenes.

Entre la documentación desclasificada de comunicaciones internas de la compañía con motivo de este caso, aparece lo que aparentemente dentro de la compañía era un secreto a voces: la presencia de millones de usuarios menores de trece años en aplicaciones como Instagram, algo que el responsable de Instagram, Adam Mosseri, negó ante el Senado de los Estados Unidos.

Según Mosseri, «si un usuario tiene menos de trece años, no está permitida su presencia en Instagram». Pero en la documentación recientemente revelada, puede verse cómo, en la práctica, la compañía sabía perfectamente que muchísimos usuarios tenían menos de la edad legalmente permitida para utilizar Instagram, y que en algunos casos, incluso, sus padres habían solicitado la eliminación de sus cuentas por considerarlas nocivas, pero la compañía había rechazado sistemáticamente hacerlo.

Si unimos estos datos al hecho de que el fundador de la compañía, Mark Zuckerberg, rechazó consistentemente mejoras en el producto destinadas a proteger a los menores de posibles efectos psicológicos, hasta el punto de llegar a hacer sentirse incómodos a muchos de sus directivos, tenemos un caso más de patente irresponsabilidad en el comportamiento de la compañía, que posiblemente acabe… en otra multa más. Dado que en esta ocasión hablamos de un delito claramente tipificado en el ámbito de la Children’s Online Privacy Protection Act (COPPA), que establece multas que pueden llegar a los cincuenta mil dólares por cada usuario afectado, podría ser que en esta ocasión la multa no fuese simplemente una pequeña molestia que la compañía paga sin rechistar porque ha ganado mucho más dinero cometiendo la infracción, pero aún así, la pregunta es clara: ¿en cuántas ocasiones tiene que probar la compañía su absoluta carencia de principios éticos como para que sea, simplemente por reincidencia, considerada como un peligro para la sociedad? ¿No resulta evidente que la ausencia de principios éticos es una constante en la cultura y en la gestión de esta compañía?

En un caso profundamente conectado con Meta, Cambridge Analytica, y a resultas de la evidente mala praxis de su director, Alexander Nix, el juez decidió su inhabilitación durante siete años para todo puesto directivo en ámbitos corporativos, dejando claro que existen formas de proteger a la sociedad de individuos carentes de ética o capaces de anteponer el beneficio empresarial a absolutamente cualquier cosa. ¿No han dado ya Meta y su fundador, Mark Zuckerberg, muestras suficientes como para justificar una medida similar?

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