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Las discográficas y su gatillo fácil

IMAGE: YouTube

Todos lo conocemos: es el dibujito que YouTube pone en lugar del fotograma del vídeo cuando este es retirado por una reclamación de copyright. La inmensa mayoría de esas reclamaciones, además, proviene de una sola industria: la discográfica.

Últimamente, las discográficas están muy ocupadas retirando vídeos creados mediante asistentes generativos adiestrados con la voz de determinados artistas, voces «clonadas» que son utilizadas para hacer que, supuestamente, sus propietarios originales interpreten canciones que no han interpretado nunca, a menudo en combinación con otros artistas con los que pueden o no haber cantado anteriormente.

Pues resulta que las bases legales para la retirada de un tema que, en realidad, no ha sido interpretado por uno de los artistas a los que representan son, cuando menos, muy dudosas. Estamos, de nuevo, ante unas discográficas con gatillo muy fácil y que disparan desde la cintura a todo aquello que pueda sonar a derechos que se les escapan: la idea de que un artista pueda controlar lo que hace o graba su versión robótica no es ni mucho menos tan directa, del mismo modo que alguien puede interpretar una canción imitando la voz de un artista o pintar un cuadro imitando el estilo de otro.

La creación siempre se ha basado en la inspiración. Si un artista se inspira en otro, eso no es necesariamente base para una denuncia por copyright, por mucho que los impresentables herederos de Marvin Gaye pretendan. ¿Por qué no puedo crear un clon de la voz de Marvin Gaye, del mismo modo que alguien puede manipular una guitarra para que suene como la de Eddie Van Halen, y ponerla a cantar lo que me dé la gana?

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Si, tras ver las obras de un artista en un museo, te inspiras y pintas algo siguiendo su estilo, eso no es denunciable, porque de hecho, es como el arte ha evolucionado a lo largo de los tiempos. Posiblemente podamos regular el uso del nombre de un artista para promocionar un material creado con un deepfake de su voz, pero detener su difusión si no lo utiliza, por mucho que se sepa claramente de donde proviene, es algo mucho más complejo.

Por otro lado, si alguien cree que las discográficas están intentando proteger a los artistas con estas retiradas de vídeos procedentes de procedimientos algorítmicos de deepfake, se equivocará de parte a parte. En la práctica, si existiese un mecanismo por el que esas mismas discográficas pudiesen recibir una parte de los ingresos derivados de las reproducciones de esos vídeos sintéticos, no denunciarían nada y, es más, estarían encantadas por ello – o no, porque su inagotable codicia les llevaría posiblemente a pedir más, independientemente de lo que les hubiesen entregado. Más aún: no descartemos que no sean las propias discográficas las que, como algunas productoras cinematográficas, acaben por utilizar exactamente esas mismas tecnologías para seguir generando éxitos con los artistas a los que representan una vez que estos hayan muerto o dejado de interpretar.

Estamos en un momento muy interesante: unas discográficas a las que las compañías de streaming como YouTube, Spotify y otras les conceden sin discusión alguna todo aquello que solicitan, que llevan años excediéndose y retirando todo aquello que les viene en gana (y si lo hacen por error, tienes que enfrentarte a un complejo proceso para que lo reconozcan y lo vuelvan a poner en su sitio), incluso vídeos completamente inocentes en los que simplemente suena una de sus canciones de fondo; y que ahora, gracias a una tecnología relativamente nueva, se encuentran con una oleada de «clones» de los artistas a los que representan.

Algunos de esos artistas, como Grimes, no solo han invitado a otros a deepfakear y utilizar su voz para crear colaboraciones de cualquier tipo, sino que incluso han dicho que compartirán los derechos con quienes lo hagan como harían con cualquier otro artista. Pero en general, el resto, aconsejados por sus discográficas, se dedican a asustarse, a protestar y a exigir que cualquier cosa que evoque sus voces o su estilo sea retirada inmediatamente, algo que tendrá que ser, como mínimo, establecido por algún tipo de ley.

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