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De hater de los iPhone 'Max' a ser su mayor defensor: todo lo que gané al pasar de un iPhone pequeño a uno grande

De hater de los iPhone 'Max' a ser su mayor defensor: todo lo que gané al pasar de un iPhone pequeño a uno grande

Fue el iPhone 7 Plus. Ese maldito iPhone 7 Plus. Aquel no sólo fue mi primer iPhone grande, sino también el primer móvil grande en general que tenía. No muy por delante del Huawei P30 Pro del que tenía, pero sí lo suficiente para empezar a detestar los móviles grandes. Aquellos a los que aún denominabamos phablets, un termino ya tan en desuso como mi desprecio por los iPhone ‘Plus’ y ‘Max’.

Porque sí, soy fan de los móviles pequeños y también de los que lloró el adiós de los iPhone mini, aunque de forma un tanto cínica, lo reconozco, ya que hace años que dejé de usar iPhone pequeños. Y no me arrepiento en absoluto de no usarlos. Si tú eres aún del team de iPhone pequeños, voy a intentar convencerte de dar el paso a uno grande, aunque te advierto también de que no todo es bonito.

Una tendinitis me alejó por completo de los iPhone grandes

A nadie le importa mi vida y mis batallitas. Lo sé, aunque al fin y al cabo esto es un artículo de opinión y creo que viene a cuento contar el por qué empece a preferir móviles más compactos tras el iPhone 7 Plus. Como decía, aquel fue el teléfono más grande que había tenido nunca.

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Me encantaba y me sigue encantando porque sigue funcionando en manos de otra persona. Fue el primero con doble cámara y mi puerta de rebienvenida al mundo iOS tras un par de años alejado. Sin embargo, no tarde mucho tiempo desde que lo compré en sentir unos pinzamientos extraños en la mano y la muñeca. Nunca me había sucedido y no-casualmente me ocurría tras varios minutos usando el iPhone.

Sin pensarlo demasiado y arriesgando a que perdiese mi telefonazo a causa de un problema que realmente tenía otro origen, intercambié aquel iPhone 7 Plus por un iPhone 7 con una amiga muy cercana. Había tal confianza que, si hubiese querido volver al ‘Plus’, hubiese aceptado cambiar de nuevo. El caso es que fue volver a las 4,7 pulgadas y desaparecer por completo mis pinzamientos. Y, ahí sí, empezó mi odio a los ‘Plus’. Que ya digo, no es tanto un odio real, como sí una preferencia evidente por salud.

Volví por el sentimiento y me quedé por todas las ventajas de un iPhone grande

Debido a mi profesión, cambiar de iPhone cada 1-2 años es casi una obligación y por suerte he podido ir permitiéndomelo. Así, salvo la generación de los ‘XS’, he podido ir probando todos los siguientes. En 2017 pasé al iPhone X, más grande que el iPhone 7, pero no lo suficiente como el ‘Plus’. Después pasé a un iPhone 11 Pro, aunque esta generación supondría mi regreso a los móviles grandes.

Me encantaba mi iPhone 11 Pro. Funcionaba a las mil maravillas y su hardware (cámaras incluidas) era idéntico al del iPhone 11 Pro Max. Sin embargo, sentía que en cierto modo me apetecía dar un salto y sentir que llevaba en el bolsillo algo diferente. Así que sí, acabé deshaciéndome de aquel ‘Pro’ para pasar al ‘Pro Max’. Y salí ganando por mucho.

Es un ladrillo, pero te acabas acostumbrando

No haber ido nunca al médico (mal hecho, lo sé) cuando me sucedían aquellos pinzamientos con el iPhone 7 Plus hizo que jamás lograse saber si realmente se debía al tamaño del móvil o no. El caso es que con el iPhone 11 Pro Max lo notaba pesado, más molesto y menos cómodo, es cierto y es algo que sigo percibiendo hoy con un iPhone 13 Pro Max. Sin embargo, no volví a experimentar molestias como aquellas y acabé acostumbrándome a ese gran tamaño (mayor aún cuando pasé de aquel al iPhone 13 Pro Max).

Pantalla más grande es igual a mejor consumo

Iphone 15 Pro Imagen: Alejandro Alcolea para Xataka

No soy muy de ver series o películas en el móvil. Ni siquiera en un iPad. Toda pantalla inferior a las 30 pulgadas me parece pequeña para ello. Sin embargo, sí consumo mucho contenido multimedia de redes sociales y YouTube. En eso salí ganando porque el contenido se ve infinitamente mejor.

Leer cualquier cosa es mucho menos angustioso

De paso, aparte de ver contenido en vídeo, también combato mi envejecimiento y mi vista cada vez más cansada leyendo. En mis últimos meses con un iPhone pequeño, ya empezaba a ver peor y a tener que forzar en exceso la vista o tener que aumentar el tamaño del texto. Con los iPhone ‘Pro Max’ ya no me ocurre. Y esto lo aplico tanto a libros como a mensajes de texto, artículos, emails o documentos.

Ser más productivo no es un cliché

Reconozco que me horroriza cuando leo/escucho/veo contenido de alguna persona en la que dice “gracias a X cosa soy más productivo”. No quiero convertirme en ello, pero de verdad que con un iPhone grande he sentido que soy más productivo con el iPhone. Y eso que a efectos técnicos es igual que uno pequeño, pero tener una mayor pantalla invita más a ello.

Vaya por delante que ni muchísimo menos ha sustituido mi Mac o centro en iOS gran parte de mi trabajo. En absoluto. Sin embargo, sí que he notado que en ciertas situaciones recurría al Mac por pereza de hacerlo desde el iPhone. Desde crear una nota un poco más elaborada que una simple nota rápida hasta escribir un email largo. Escribir en un iPhone grande es una gozada.

No soy muy jugón, pero el tamaño también invita a ello

Juegos

Lo de no ser yo un entusiasta de los videojuegos no sólo lo aplico al terreno móvil, ya que me sucede también con videoconsolas. Sin embargo, son precisamente los juegos sencillos y casuales a los que más recurro, siendo estas las características que inundan a los juegos para iPhone.

Ahora, disfrutar de estos juegos en una pantalla más grande no sólo hacen que el contenido se vea mejor, sino que también sea más cómodo. En títulos en los que existen controles en pantalla, un iPhone pequeño puede acabar quedándose corto, pero agarrar un iPhone ‘Plus’ o ‘Max’ para ello hace que se sienta muy bien.

La joya de la corona: una mayor batería (más de la que dice Apple)

Llego al punto clave y que creo que hace que compensen incluso las posibles desventajas que, por cierto, comentaré después. En las últimas generaciones, Apple ha determinado que la diferencia de autonomía entre un modelo pequeño y uno grande es de alrededor de 2 horas, pero claro, eso son sus cálculos en base a estudios de uso muy concretos.

En mi experiencia real, diré que obviamente he notado un cierto desgaste de la batería con el paso del tiempo y con alguna actualización (que las ha habido) que se come la autonomía. Sin embargo, en general he notado que voy mucho más sobrado que con un modelo de 6,1 pulgadas. La cifra exacta varía mucho, pero cuando tuve ‘Pro’ apenas llegaba al final de una jornada a las 8-9 de la noche sin pasar por el cargador y ahora puedo perfectamente llegar a cerca de las 12 de la noche con un 20% o más de batería (depende del uso, claro).

También tiene algún ‘pero’, aunque me compensa

No es oro todo lo que reluce en un iPhone ‘Plus’ o ‘Max’. Como todo en la vida, no hay nada perfecto. En esta experiencia que ya va camino de cinco años puedo decir que, pese a que me compensen por las ventajas, también me encuentro ciertos inconvenientes.

Véase por ejemplo cuando estoy en una llamada que se alarga varios minutos. Si no tengo mis AirPods cerca o la posibilidad de usar el altavoz, reconozco que se llega a cansar el brazo. Que es más por la postura y por tanto también me ocurría con un iPhone pequeño, pero aquí se le suma que encima el móvil pesa bastante más. Por suerte, son pocas las veces que me sucede y cuando preveo que la llamada se va a alargar, trato de tener a mano unos auriculares.

Teclado

El uso con una sola mano también se ha visto más complicado. No son muchas las ocasiones en las que tengo que usar el iPhone con una mano, pero se dan circunstancias en las que sí. Con un iPhone del tamaño de mi ‘Max’ se complica, aunque por suerte tengo dos trucos para alcanzar bien cualquier parte del iPhone: usar el teclado partido y la función de ‘fácil alcance’.

También me ocurre que no cabe en todos los bolsillos. En general (y desconozco la razón) los bolsillos de unos vaqueros de mujer son más pequeños, así que temo que ellas tendrán más dificultades en estos casos. Así todo, también tengo algunos vaqueros con bolsillos que no son tan grandes como me gustaría y el iPhone no cabe. Y en los que cabe, puede acabar resultando incómodo. Llevar un ladrillo ahí se nota.

Antes comprar un iPhone grande nos invitaba a llegar casi a los 1.500 euros, pero ahora ya hay opciones sin sobrepasar las tres cifras

De igual modo, no puedo obviar que son más caros los iPhone grandes. Por tanto, aquellos que quieran pasar de uno pequeño a uno grande se verán a hacer un desembolso mayor. Eso sí, con la introducción del iPhone 14 Plus en 2022 se ha dado una opción más económica sin tener que irse a los cerca de 1.500 euros que de base cuesta un ‘Pro Max’ y que hasta entonces era la única opción de tener el tamaño más grande.

Así todo, y ya concluyendo con esta experiencia, decir que ahora creo que compensa mucho tener un móvil más grande. Si se aumentasen considerablemente las baterías de los pequeños o incluso viésemos el ansiado iPhone plegable que pudiese tener varios tamaños, quizás la cosa cambiaría. A día de hoy, mi iPhone es grande y el siguiente también lo será.

Imagen de portada | Original de Iván Linares para Xataka

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La noticia De hater de los iPhone ‘Max’ a ser su mayor defensor: todo lo que gané al pasar de un iPhone pequeño a uno grande fue publicada originalmente en Applesfera por Álvaro García M. .

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