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La emergencia climática como variable empresarial

IMAGE: Gerd Altmann - Pixabay (CC0)

Nací en el año 1965. Hacia finales de ese mismo año, el presidente norteamericano Lyndon B. Johnson encargó un informe a su Comité Científico, que fue titulado como «Restoring the quality of our environment«, en el que ya se aseguraba que «el efecto de la quema de combustibles fósiles será perjudicial desde el punto de vista de los seres humanos».

Tengo 55 años, y cuando nací, esto ya estaba claro, aunque las compañías petroleras luchasen por ocultarlo e impedir que hiciésemos algo para evitarlo. Y sin embargo, sabiéndolo como lo sabíamos, los combustibles fósiles representan hoy aún el 85% de la energía que consumimos, y la irresponsable carrera que nos ha traído hasta aquí y hasta los complejos escenarios que se nos vienen encima no tenía, hasta hace poco, visos de detenerse.

Ahora, finalmente, empezamos a hablar del fin de la era del petróleo. En un momento en que sabemos ya claramente que nuestra resistencia al cambio está incrementando la frecuencia de desastres naturales en todo el mundo, fundiendo el hielo en el Ártico y convirtiendo la selva amazónica en una sabana, parece que ese sentido común que ha sido el menos común de los sentidos durante las últimas décadas empieza a dejarse ver. Sabemos lo que ocurre, y sabemos quiénes son los responsables.

The Economist habla de la energía del siglo XXI y de cómo modificará la geopolítica. El presidente chino Xi Jinping anuncia por sorpresa en Naciones Unidas que su país, el mayor generador de contaminación del mundo, llegará a su máximo en 2030 y alcanzará la neutralidad de emisiones en 2060, aunque aún siga construyendo plantas de carbón. Sesenta y cuatro líderes mundiales forman un compromiso para detener la destrucción del planeta. Hasta el Papa Francisco habla de la necesaria transición a energías renovables limpias. Cada vez más procesos electorales en más países se ven afectados por la emergencia climática: los líderes irresponsables caracterizados por el negacionismo son, en este momento, la peor amenaza.

La recuperación de la crisis económica post-pandemia tendrá necesariamente que basarse en las energías renovables, y esto va a tener una gran cantidad de consecuencias en el entorno empresarial. Las empresas petroleras caen en desgracia: una empresa de energía solar y eólica, NextEra Energy, vale ya más que la antes todopoderosa Exxon, expulsada del índice Dow Jones, y arrastran en su caída a las industrias que dependían de ellas: el pasado julio, Tesla alcanzó los $208,000 millones, más que la suma de Fiat Chrysler, Ford, Ferrari, General Motors, BMW, Honda y Volkswagen. Ahora vale casi el doble, $411,000 millones, y define los destinos de una industria que deberá reconstruirse en torno a los motores eléctricos. Hasta los trabajadores de la industria de los combustibles fósiles huyen hacia las renovables.

Estamos ante la mayor y más rápida disrupción tecnológica de la historia: en los próximos diez años va a afectar de manera indeleble al panorama empresarial de industrias como la de las tecnologías de información, la energía, la alimentación y los materiales, pero en la práctica a absolutamente todas las industrias. Si piensas que dentro de diez años, tu compañía va a seguir haciendo las cosas como las hace hoy, sin duda te equivocas. Da lo mismo a qué te dediques: todo debe descarbonizarse, aunque hoy te parezca imposible. Incluso sectores tan intensivos en energía como la metalurgia abandonan el carbón y se pasan a las energías renovables, y además logran importantes ahorros al hacerlo. Exigir energía limpia a tu proveedor y producir toda la que puedas ya no es una cuestión de «parecer bueno»: es una decisión con total lógica empresarial.

Aprende a medir el verdadero impacto de la actividad de tu compañía, y comprométete a ser transparente con respecto a su reducción. Hazlo por ética, no por estética. Adopta vehículos eléctricos en toda tu cadena de producción y logística: no solo contaminan mucho menos, lo midas como lo midas, sino que además, son más baratos y se deprecian menos. No hagas caso de mitos y leyendas interesadas: la contaminación provoca 4.2 millones de muertes prematuras anuales descontando el impacto de la contaminación en interiores, y reducirla salva vidas. La descarbonización puede ser la protagonista de una agenda de recuperación en una crisis económica, porque es perfectamente posible reducir las emisiones de un territorio mientras su economía crece. En un mundo sin combustibles fósiles, no volveremos a la Edad Media, ni nos quedaremos sin viajar: nos desplazaremos mediante otras alternativas, pero podremos hacerlo.

Tal vez sigas creyendo en el anticuado cliché de que la descarbonización o la reducción de las emisiones te costará dinero y te hará menos competitivo. Pues bien, es falso. Las energías renovables ya son más baratas que su obtención mediante combustibles fósiles, y lo serán cada vez más. Pero además, una actitud decidida en este ámbito mejorará tu imagen y las preferencias positivas de tus clientes: no lo hagas únicamente por eso, pero lo hará, y relegará a un segundo plano a los proveedores que renuncien a emprender acciones en ese sentido. Cada vez más consumidores e incluso muchos inversores son conscientes de que votar con su bolsillo es una acción fundamental de cara al futuro.

La generación de directivos que está saliendo ahora de las escuelas de negocios son ya conscientes de estos temas, y lo puedes ver día a día en las discusiones en clase. Falta mentalizar a la generación anterior, a los que crecieron y desarrollaron sus carreras profesionales en un entorno en el que los combustibles fósiles eran la principal fuente de energía, y que no son conscientes de que una variable así pueda cambiar de una manera tan radical.

Cada vez más, la emergencia climática va a jugar un papel fundamental como variable empresarial. Si no lo has entendido, tendrás problemas. Y no solo con tu conciencia.


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