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El club de los profesores muertos

IMAGE: Pxhere (CC0)

Me ha encantado ver esta referencia en Boing Boing a un hilo viral de Twitter (aquí archivado con comentarios) de un estudiante horrorizado al descubrir que la asignatura que estaba cursando en remoto en una universidad canadiense estaba siendo impartida, en realidad, por un profesor muerto en el año 2019. Durante todo un curso en el que la totalidad de los cursos en la universidad estaban siendo impartidos mediante enseñanza online, los alumnos del curso habían estado siguiendo clases en vídeo que el profesor grabó en su momento, y habían sido evaluados por un teaching assistant, que no era precisamente un medium capaz de comunicarse con el profesor desde el reino de las tinieblas, sino que simplemente seguía utilizando sus criterios de evaluación.

El alumno descubrió la circunstancia cuando trataba de localizar el correo electrónico del profesor en la página web de la universidad mediante una búsqueda, y se encontró en su lugar con su obituario. Más allá del humor negro que supone pensar en profesores que no se callan ni después de muertos, la circunstancia lleva a pensar en todo lo que está mal en la educación universitaria, y en cómo es posible plantear un curso online en forma de un conjunto de vídeos y una interacción llevada únicamente por un teaching assistant, con sesiones de clase carentes de toda interactividad real.

¿Por qué me ha gustado la noticia? En primer lugar, porque obviamente, una circunstancia así sería completamente imposible en la universidad en la que llevo treinta años trabajando, cosa que agradezco muchísimo. Completamente imposible porque, en primer lugar, una clase, tal y como la hemos entendido siempre, es necesariamente una experiencia interactiva, única, que no se parece a otra clase sobre el mismo tema impartida por el mismo profesor, porque siempre depende de las preguntas, interrupciones, intereses y variaciones protagonizadas ese día por los alumnos que asisten a ella. Una clase planteada en torno a un vídeo unidireccional es simplemente implanteable e inaceptable en nuestra metodología: se aprende interactuando con los contenidos, no simplemente viéndolos como quien se pone a ver una serie de Netflix.

¿Teaching assistants que llevan a cabo las tareas de corrección, de interacción con los alumnos, o incluso, en algunos casos, las de instrucción? En la universidad en la que trabajo jamás ha existido esa figura, y los alumnos, además, no la aceptarían. Si vendes al alumno que va a recibir un curso con Elvis, el curso tiene que impartirlo Elvis, no el representante de Elvis, ni el primo de Elvis, ni un amigo del cuñado de Elvis. Sin embargo, es algo que las universidades norteamericanas llevan muchísimo tiempo haciendo y normalizando: el publish or perish lleva a los profesores a investigar en temas que terminan llevándoles a perder todo contacto con las asignaturas que imparten, lo que provoca que vean el dar clase como una carga incómoda y pesada que tratan de aliviar como sea con el uso de esos teaching assistants.

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No, la enseñanza online jamás debería plantearse como un conjunto de actividades unidireccionales impartidas por un profesor que bien podría llevar años bajo tierra, y que una universidad vea eso como una circunstancia normal o aceptable nos demuestra todo lo que está mal en la mentalidad de las instituciones educativas. No, eso no es educar. En la enseñanza, sea online o tradicional, la interactividad es absolutamente clave: aprendemos aquello con lo que interactuamos, aquello que discutimos, aquello que internalizamos. Aprender simplemente por repetición o reiteración, o dándole al Play es algo que evoca las metodologías del pasado. Repetir un texto ene veces, copiarlo casi al dictado en forma de apuntes, subrayarlo o esquematizarlo no son, como tales, técnicas eficaces de estudio, sino una búsqueda de la exaltación de la memorística.

Si estás matriculado en un curso, y piensas que tu profesor podría ser susceptible de estar muerto (o no notarías mucha diferencia si lo estuviese), es que algo va muy mal en la institución educativa que expide tu diploma. Que un curso pueda ser impartido por un profesor muerto debería llevarnos a pensar muchas de las cosas en las que muchas instituciones creen que consiste la educación online. Y sobre todo, en lo que nunca debería llegar a ser.


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