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Gobiernos y criptomonedas: la cosa se pone seria

IMAGE: Cryptocurrency stocks LED screen - QuoteInspector.com (CC BY ND)

El Internal Revenue Service (IRS) norteamericano considera la introducción de una casilla en la primera página de las declaraciones de impuestos de 2020 en la que pregunta específicamente a los ciudadanos si en algún momento durante 2020 han vendido, recibido, enviado, intercambiado o adquirido algún interés financiero en alguna moneda virtual, pregunta a la que el contribuyente debe contestar inequívocamente marcando la casilla «Sí» o «No».

La pregunta, que apareció por primera vez en la declaración de 2019 pero en un apartado que no todos los contribuyentes tenían que contestar, pasa ahora a un lugar de total prominencia, justo al principio, bajo los campos para nombre y dirección. La pregunta tiene una intencionalidad clara: además de investigar el nivel de difusión del uso de criptomonedas entre la ciudadanía, pretende facilitar al IRS ganar casos contra contribuyentes que hayan optado por no declarar sus activos en criptomonedas, que ya no tendrán ninguna posibilidad de alegar que desconocían la obligación fiscal de tributarlas. En el año 2009, el IRS utilizó esa misma estrategia para poner coto a los depósitos en cuentas en paraísos fiscales, que ha posibilitado desde ese año la regularización de más de doce mil millones de dólares.

Las medidas de la administración norteamericana coinciden con otras iniciativas en otros lugares del mundo que apuntan a una oficialización cada vez mayor de las criptomonedas: por un lado, la estrategia de China, preparada ya para el lanzamiento de una criptomoneda oficial, relacionada no solo con la obtención de las ventajas vinculadas con las monedas electrónicas, sino también con la posibilidad de incrementar el control sobre las actividades de sus ciudadanos. La administración china lleva ya tiempo trabajando en una ambiciosa infraestructura transaccional pública basada en la cadena de bloques (BSN), que se integra con seis cadenas públicas: Tezos, NEO, Nervos, EOS, IRISnet y Ethereum.

Por otro, la Unión Europea, que hace pocos días propuso oficialmente un marco regulatorio para los activos en criptomonedas y en stablecoins. En otros lugares del mundo, como el continente africano, el uso de criptomonedas como bitcoin está creciendo de manera importante porque evita que sus usuarios se arriesguen a perder dinero debido a posibles fluctuaciones de la cotización de sus monedas con respecto al dólar, lo que ha llevado a que las transferencias mensuales de criptomonedas hacia y desde África de menos de $10,000, generalmente realizadas por individuos y pequeñas empresas, hayan aumentado en más de un 55% en un año, para situarse en los $316 millones el pasado junio, mientras el número de transacciones creció un 50% y se situó en las 600,700.

De una u otra manera, todo indica que las criptomonedas están pasando a una nueva etapa: mientras muchas criptomonedas siguen careciendo, debido a la inestabilidad de su valor y a la existencia de esquemas de manipulación del mismo, otras, particularmente algunas stablecoins como Tether, están logrando hacerse más habituales y son utilizadas con profusión para evadir el control sobre movimientos de capitales, mientras el intento más ambicioso de privatización del tema, llevado a cabo por Facebook con su Libra, es rechazado por los reguladores debido, precisamente, a la implicación de una compañía con tan mala reputación en todo lo relacionado con el tratamiento de la privacidad como Facebook.

El caso de bitcoin es especialmente interesante: esta semana, hemos alcanzado el 88% en el número total de bitcoins minados que circulan por la red, un hito que podría indicar una progresiva estabilización de su valor a largo plazo: teniendo en cuenta que el suministro total de bitcoins está limitado y predefinido en el protocolo de Bitcoin en veintiún millones, que la recompensa otorgada por minar uno disminuye con el tiempo (se divide por 2 cada 210.000 bloques, aproximadamente cada cuatro años), y que se supone que algunos de los bitcoins en circulación se han perdido para siempre o resultan inservibles debido a errores como contraseñas perdidas, direcciones de salida incorrectas o errores en los scripts de salida, estamos hablando de que el 88% de todos los bitcoins que van a existir han sido minados ya.

El optimismo de bitcoin whales como los hermanos Winklevoss, que afirman que el valor de un bitcoin alcanzará el medio millón de dólares, choca con visiones más conservadoras como la del oráculo de Omaha, Warren Buffett, que afirma que las criptomonedas carecen de valor, o del premio Nóbel de Economía, Joseph Stiglitz, que opina que deberíamos cerrarlas todas, algo que sería completamente imposible debido a la gestión descentralizada de muchas de ellas. Si algo es seguro es que, como decía el MIT Tech Review en diciembre del pasado 2019, las criptomonedas nos llevarán muy pronto a sentirnos incómodos, y que en realidad, como afirma mi querido colega Mauro Guillén en su libro «2030: Viajando hacia el fin del mundo tal y como lo conocemos«, no hemos comenzado aún ni siquiera a rascar la superficie de todo su potencial.

Por el momento, si tienes activos en criptomonedas, vete pensando qué vas a hacer cuando tu gobierno te pida que declares que las tienes. El paso de la estrategia del avestruz, ignorar que existen, a la de la oficialización y el querer cobrar los impuestos que se deriven de su uso no es en absoluto casual, y seguramente ya sabes lo que viene después: todo indica que las criptomonedas se están volviendo ya una cosa muy seria.


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