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Las empresas, la responsabilidad y las sanciones

IMAGE: Karollyne Hubert - Unsplash

Con el mundo completamente patas arriba debido a la injustificada invasión de Rusia sobre Ucrania, y muchos países y organizaciones supranacionales llevando a cabo sanciones destinadas a tratar de asfixiar la relativamente frágil economía rusa, resulta interesante ver las reacciones de las distintas empresas ante un evento tan extraordinariamente grave, y cómo balancean las posibles pérdidas económicas derivadas de llevar a cabo esas sanciones en Rusia, con la posibilidad de sufrir represalias en muchos otros países por no llevarlas a cabo.

Así, son ya bastantes las compañías que han anunciado acciones que van desde el cierre de tiendas o la salida del mercado ruso, hasta la interrupción de sus servicios: a día de ayer, empresas como Apple, que ha cerrado sus tiendas pero mantiene su App Store aún operativa; Airbus y Boeing, que dejarán de enviar piezas y de dar mantenimiento a las flotas de aviones en el país; Adidas, Alphabet (tanto Google como YouTube, que interrumpen la venta de publicidad); MasterCard y Visa, cuyas redes dejan de estar operativas; y también Burberry, Disney, Exxon Mobil, Facebook, Ford, Harley-Davidson, Ikea, Jaguar Land Rover, Mango, Mercedes Benz, Microsoft, Netflix, Nike, Reddit, Snap, Twitter, Volkswagen, Wise y muchas más. A ellas se ha unido hoy Airbnb, que ha interrumpido sus servicios en Rusia y Bielorrusia pero los mantiene en Ucrania, país al que nadie en su sano juicio va a ir a hospedarse estos días, pero que está registrando actividad en su red porque muchos usuarios utilizan Airbnb para reservar propiedades como forma de hacer donaciones económicas a sus propietarios.

Pero tan interesante como ver la sensibilidad de aquellas compañías que han decidido colaborar para tratar de colapsar la economía rusa es la lista de compañías que han tomado la decisión de no hacer nada, de permanecer impasibles ante las acciones de Vladimir Putin y que mantienen sus operaciones como si no hubiera pasado nada. La lista de la vergüenza comienza por la que ya ha demostrado en múltiples ocasiones ser la compañía más insensible del mundo, Coca-Cola, con un importante mercado en Rusia, y que aunque ha interrumpido su producción en Ucrania y ha evacuado a su staff, aparentemente no se plantea en ningún momento ningún tipo de restricción en Rusia según informa la agencia rusa Tass, lo que ha llevado a muchos supermercados ucranianos a dejar de venderla. Veremos hasta qué punto el comportamiento de la compañía no termina por generarle boicots en otras partes del mundo.

Pero además de Coca-Cola, otras marcas de trascendencia mundial como Nestlé, P&G, Unilever o Danone también han decidido no anunciar ningún tipo de acción con respecto al mercado ruso, lo que las ubica potencialmente como objetivo de boicots o de represalias ya no por parte del en este momento muy poco significativo mercado ucraniano, sino de todo el resto del mundo. El caso de Inditex, que tampoco ha anunciado aún ninguna decisión al respecto y mantiene abiertas su 527 tiendas en el país, su segundo mercado más importante tras España, es todavía más duro, porque contrasta con el cese de actividad y cierre de tiendas de su competidora H&M.

Por otro lado, ICANN ha rechazado la petición de Ucrania de que desconectase a Rusia de la internet global, afirmando por un lado que la propuesta no es técnicamente factible debido a la naturaleza descentralizada de la red, y por otro, que esa función no está dentro de la misión del organismo, encargado de asegurar que internet funcione, no de coordinar acciones para que deje de hacerlo. En este caso, sería interesante plantearse en cuántas ocasiones no ha sido Rusia la que se ha encargado precisamente de que internet dejase de funcionar o funcionase de forma perversa en otros países, y hasta que punto, siguiendo la conocida paradoja de la tolerancia enunciada por Karl Popper, se puede o se debe mantener en la red a un actor así o se debería, como mínimo, tomar algún tipo de represalias ante un comportamiento obviamente organizado y abiertamente negligente y tratar de dificultar su uso, como plantean compañías como Cogent – más aún cuando el propio país lleva tiempo tratando de emular a China y aislar a sus ciudadanos de la red global, y cuando todo indica que podría utilizar su capacidad ofensiva en la red para lanzar ciberataques globales contra los países o compañías que están llevando a cabo sanciones sobre su economía.

También resulta interesante el caso de Yandex, la compañía rusa fundada por el billonario Arkady Volozh, íntimo amigo de Vladimir Putin, y que se plantea en los foros nacionalistas del país como capaz de satisfacer todas las demandas tecnológicas del país ante la situación de autarquía que van a generar los bloqueos y sanciones, y que tratan de ver casi como una consecuencia positiva.

Rusia, que aparentemente subestimó en gran medida la resistencia ucraniana, preveía una campaña corta y un efecto de las sanciones que, al pasar las alertas, duraría poco. Con la magnitud de esas sanciones y con el fortísimo nivel de consenso que han generado en todo el mundo, se espera que otros países en el futuro se planteen con mucho más cuidado acciones bélicas expansionistas similares, pero está por ver que la estrategia disuasoria realmente llegue a funcionar, y más cuando hay otros países que llevan bombardeando regularmente a sus vecinos durante años sin sufrir ningún tipo de sanción por ello. Veremos si esta vez puede llegar a convertirse en un punto de inflexión.

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